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Por
allí le llaman pino al relleno, no sé porqué será, pero
para respetar el folclore, pues ahí va el «pino de
mariscos». No se parecerá en nada al auténtico pino
chileno, porque los sabores de ambos mariscos son
radicalmente distintos, desde sus oricios que son como
balones, hasta las interminables variedades que aquí no
existen (choritos, jaibas, piures, picorocos, locos,
machas, etcétera), no obstante verán qué gozada de
picoteo. Podemos usar el marisco que haya sobrado de
algún festín, es una buena aplicación de reciclaje
doméstico, pero partiendo de tener que ir a la compra,
pues elijamos barato: una ñocla y unas gambas (eso sí,
todo bien fresco y crudo). Cocemos la ñocla (poco, si
pesa 1 kilo escaso, con 5 minutos vale), y sacamos la
carne de patas y celdillas que removemos con el
contenido del carro(si este tiene agua, debe
escurrirse), y con las gambas peladas y troceadas, pero
en crudo. Aquí la cebolla debe estar hecha, así que la
sofreímos, y cuando tome color, se retira y se le
incorporan el marisco, los piñones, solo un par de
aceitunas, nada de huevo duro(se come el sabor del
marisco), y opcional las pasas (a mí me encantan). Le va
muy bien un poco de aguacate picado. A partir de aquí se
hacen igual que las de carne. En todo tiempo apetece
comer de tapas, porque es una delicia este concepto tan
informal de plantear una mesa, pero ahora, en estos
sensuales días de primavera, más que nunca, sobre todo
si estamos en el campo. Ya me estoy viendo lapidado por
los defensores de la cocina Argentina que sin duda
reclamarán la paternidad de esta receta, pero es que la
mesa chilena, compuesta de sus `picadas', es
precisamente la forma de comer que proponemos hoy, y
allí las empanadillas son un auténtico manjar y, por su
variedad, hasta pueden componer un menú completo. Estas
son las más clásicas, sobre todo en la zona de Santiago
y en todo el interior. En la costa, Valparaíso, Viña del
mar, San Antonio, e incluso ya en el Sur, en Puerto
Montt, se suelen hacer de marisco, y están tan ricas,
que en la columna contigua les doy la variante. La
receta Se puede usar masa de La Cocinera, es muy rica y
al freír se hojaldra bien, pero tiene mucha grasa y poco
grosor, así que probemos a hacerla nosotros. Se mancha
bastante la cocina, pero es una experiencia. En un
mármol frío ponemos la harina (previamente mezclada con
la levadura) haciendo un volcán, y dentro ponemos los
huevos y la mantequilla en pomada. Se amasa lentamente y
se va incorporando la salmuera hasta obtener una masa
dúctil, pero que no se pegue a los dedos. Se envuelve en
un paño y se deja reposar. Mientras, hacemos el relleno.
La carne picada se puede hornear un par de minutos para
que suelte el exceso de agua, pero si sabemos que es de
confianza (Carne de Asturias), podemos usarla en crudo.
Picamos las aceitunas, la cebolla y los huevos duros, y
mezclamos todo con la carne, incorporando los piñones y
las uvas pasas. Se salpimienta y se puede alegrar con un
poco de albahaca. No está de más que repose una media
hora en la nevera. Para hacer las empanadillas, se
estira la masa con un rodillo, y cuando ya esté bien
fina (en la última estirada) se corta en discos con la
ayuda de un tazón a guisa de troquel. Se retira la masa
`interdiscal', y en cada oblea se pone una cucharada de
masa de relleno, se dobla al centro, y se retuercen los
bordes haciendo como un cordón, para que al freír no se
salga el relleno (se puede dar una pincelada de clara
batida en los bordes, para que pegue mejor). Deben
freírse en abundante aceite bastante caliente, pero sin
pasarse, porque reventarían
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